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La Fe es un tema muy relevante tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Este Estudio Bíblico te ayudará a entender más lo que significa la Fe en la Biblia.
La Biblia describe la Fe': Como la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve.
Significado de Fe en Hebreo
La palabra para traducir Fe en Hebreo es “Emunah“, lo cual significa “verdad, fidelidad, fe, firmeza“. Esta palabra proviene de la raíz de la tan conocida y popular palabra “Amen“. Por eso es que al decir Amen, estamos confirmando la verdad que se ha dicho.
Significado de la Fe en Griego
El significado de la palabra Fe en Griego es “Pistis“, lo cual es mucho mas sencillo y se traduce como “Confianza“.
El significado de la palabra Fe en Griego es “Pistis“, lo cual es mucho mas sencillo y se traduce como “Confianza“.
¿Que es la Fe Según la Biblia?
La Fe es uno de los temas más importantes y centrales de la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. El autor del libro de los Hebreos la describe como “la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve” (He 11:1).
Generalmente cuando hablamos de Fe se nos viene a la mente un significado equivocado y religioso de la fe. Pero algo es muy importante acerca de esta Fe que habla la Biblia. La cual, no tiene nada que ver con los dogmas y creencias paganas donde se rinde culto al palo o a la piedra, ni objeto tallados o hechos por las manos del hombre (Hab 2:19; Sal 135:15-18).
La Fe que habla la Biblia es la confianza, certeza y convicción de Dios por medio de la obra salvadora de Jesucristo. Por quien por gracia recibimos la Salvación por medio de la Fe en Él (Ro 5:1, 4:5, 3:22; Ga 2:16; Flp 3:9)
¿Como tener Fe?
Para tener Fe, tenemos que partir de lo que enseña la Biblia. La única fuente de la Fe se llama Jesucristo, es el único que puede aumentar nuestra fe o ayudarnos en la incredulidad.
Un ejemplo muy claro de esto lo vemos en Lucas 17:5 “Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe“. Otro ejemplo que vemos en la Biblia es el padre incrédulo que clamaba a Jesús por su hijo en Marcos 9:24 “E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad“.
La carta a los Romanos también no enseña que la fe la obtenemos al oír la palabra de Dios. Por lo tanto, es muy importante leer la Biblia para obtener Fe o aumentar nuestra Fe. Jesucristo es la Palabra Viva de Dios, es quien nos enseña y aumenta nuestra fe a través de su palabra (Jn 1:1).
Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios (Romanos 10:17).
La Fe y las Obras
De acuerdo con las enseñanzas de la Biblia en la carta de Santiago, la Fe va a acompañada de las Obras y la Fe sin Obras esta incompleta. La Fe verdadera transforma nuestra vida, nuestra conducta y nuestros pensamientos.
Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?. Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?. Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras (Santiago 2:14-18).
Algunos ejemplos de Fe en la Biblia
Abraham
Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos (Ge 22:8).
Caleb
Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día; porque tú oíste en aquel día que los anaceos están allí, y que hay ciudades grandes y fortificadas. Quizá Jehová estará conmigo, y los echaré, como Jehová ha dicho (Jos 14:12).
Jonatán
Dijo, pues, Jonatán a su paje de armas: Ven, pasemos a la guarnición de estos incircuncisos; quizá haga algo Jehová por nosotros, pues no es difícil para Jehová salvar con muchos o con pocos (1 Sa 14:6).
David
Añadió David: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo. Y dijo Saúl a David: Ve, y Jehová esté contigo (1 Sa 17:37).
Sadrac, Mesac y Abed-nego
He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará (Da 3:17).
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El movimiento de los astros fue un secreto divino hasta que Kepler y Brahe desentrañaron sus leyes.
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| Mural del Observatorio de Uranienborg, Dinamarca. (Observatorio Tycho Brahe Kepler) |
Hasta la irrupción de Copérnico a principios del siglo XVI, la astronomía apenas había evolucionado desde la Grecia clásica. El viejo canónigo polaco inició la revolución científica al asegurar que era el Sol, y no la Tierra, el que ocupaba inmóvil el centro del universo.
Copérnico acertó en su disposición del sistema solar, pero no abrió un nuevo camino para la ciencia, sino que se pasó el resto de su vida tratando de ajustarlo en la física medieval. Como afirmaría el escritor Arthur Koestler en Los sonámbulos (1959), “era como intentar encajar un motor de turbopropulsión en una vieja y destartalada diligencia”.
Entre aquellas viejas doctrinas intuidas por Pitágoras o Platón y sistematizadas por Aristóteles había quedado prendida la idea de que el movimiento de los astros era circular y uniforme. Este dogma no se rompería hasta que un matemático alemán con veleidades místicas y un talento natural para la abstracción teórica fijase sus leyes, Johannes Kepler.
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| Retrato de Johannes Kepler, c. 1610. (TERCEROS) |
Nada al azar
Kepler (1571-1630) se dio a conocer con una obra que concibió a partir de una revelación súbita del misterioso cosmos. Tenía 24 años y había abandonado sus estudios de Teología para aceptar una plaza de astrónomo y matemático en el seminario austríaco de Graz.
Kepler veía a Dios como un gran geómetra: su creación respondía a un plan prefijado de distancias y proporciones perfectas.
Conocía las tesis de Copérnico y comulgaba con el sistema heliocéntrico, pero su curiosidad traspasaba los postulados del canónigo. Creía en la armonía del mundo y veía a Dios como un gran geómetra: su creación respondía a un plan prefijado de distancias y proporciones perfectas. Nada podía haber sido fijado al azar. Por eso se preguntaba por qué había seis planetas, qué había detrás de su movimiento y por qué los separaba una distancia y no otra.
El joven Kepler quería desentrañar el plan de Dios. “Creo que fue un designio divino que recibiera por casualidad lo que antes no había podido alcanzar con ninguno de mis esfuerzos; lo creo sobre todo porque siempre había rogado a Dios que me concediera éxito en mi cometido”, relató el astrónomo.
El 19 de julio de 1595, mientras enseñaba las conjunciones del zodíaco, Kepler dibujó un triángulo equilátero con un círculo inscrito y otro circunscrito. El radio de este era el doble del otro.
De repente, pensó que esas proporciones eran casi las mismas que había entre Júpiter y Saturno. Recordó que existen cinco sólidos regulares (cuerpos en los que todas sus caras son polígonos regulares iguales entre sí) susceptibles de ser inscritos en una esfera: tetraedro, hexaedro, octaedro, dodecaedro e icosaedro.
Tantos cuerpos como intervalos entre planetas. Y creyó ver en ellos la arquitectura secreta del universo. “La Tierra es la medida para el resto de las órbitas, a ella [la órbita terrestre] se circunscribe un dodecaedro; la esfera que lo comprenda será la de Marte. La órbita de Marte está circunscrita en un tetraedro; la esfera que lo comprenda será la de Júpiter. La órbita de Júpiter está circunscrita por un cubo; la esfera que lo comprenda será la de Saturno. Ahora ubica un icosaedro dentro de la órbita de la Tierra; la esfera inscrita en él será la de Venus. Sitúa un octaedro dentro de la órbita de Venus; la esfera inscrita en él será la de Mercurio. He aquí la causa del número de planetas”, argumentó en El secreto del universo (1597). Basta decir que no hay seis, sino ocho planetas (el noveno, Plutón, se excluyó de la lista en 2006), para desbaratar aquel arrebato místico-científico.
Kepler envió su libro a astrónomos de la talla de Galileo y a un aristócrata danés
considerado el más preciso observador de los cuerpos celestes, Tycho Brahe.
considerado el más preciso observador de los cuerpos celestes, Tycho Brahe.
No obstante, tal como dijo Koestler, la historia de la ciencia está llena de verdades estériles y mentiras fértiles, y esta fue una de las segundas. A pesar de su errónea premisa inicial, El secreto del universo estaba repleto de valiosas intuiciones y de una idea que marcaría el rumbo del científico, la búsqueda de las leyes armónicas del cosmos.
Kepler envió el libro a astrónomos de la talla de Galileo Galilei y a un aristócrata danés considerado como el más preciso observador de los cuerpos celestes, Tycho Brahe. Galileo se limitó a responder con un correcto agradecimiento; Brahe detectó enseguida el genio del joven y le envió una carta comedidamente crítica y elogiosa junto a una invitación para que le visitara.
Kepler solo contempló la propuesta cuando la Contrarreforma y la persecución religiosa precipitaron su salida de Graz. Sin hogar ni dinero, el 1 de enero de 1600 se encaminó al castillo de Benatky, la residencia de Brahe a las afueras de Praga.
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| Retrato de Tycho Brahe. (TERCEROS) |
Un tándem sin igual

Tycho Brahe había llegado a Praga tras ser expulsado de la isla-observatorio de Ven por sus desavenencias con el rey danés Cristián IV. Era un hombre caótico, arrogante y de fuerte temperamento, y se hacía rodear de una camarilla de ayudantes, familiares y aduladores que se convertirían en una pesadilla para el susceptible Kepler.
En su juventud, el aristócrata había conocido mundo, aventuras y reyertas. En uno de sus famosos duelos perdió el apéndice nasal, y tuvo que sustituirlo por una pieza de oro y plata que le daba un aspecto fiero y estrafalario.
Frente al coloso danés, Kepler parecía un hombrecillo insignificante. Corto de vista, frágil de salud y de carácter retraído, el astrónomo alemán no pasaba de ser un convidado de piedra en la sucesión de banquetes, alborotos y extravagancias que se daban en Benatky.
Sin embargo, ambos encajaban científicamente como un engranaje. Kepler había desarrollado su teoría de los sólidos regulares deduciendo a priori el plan secreto del creador. Aunque todo parecía bien ensamblado, necesitaba corroborar su tesis con pruebas irrefutables.
Brahe, por su parte, poseía un tesoro de datos y mediciones, pero carecía de talento abstracto para levantar con ellos una teoría sólida. Ambos se necesitaban y complementaban más de lo que estaban dispuestos a admitir. “Sin los datos observacionales de Brahe, Kepler jamás habría encontrado sus leyes planetarias, y con ellos, nadie excepto él habría logrado ese maravilloso descubrimiento”, afirma Max Caspar, el más exhaustivo biógrafo de Kepler..
Las últimas palabras de Brahe antes de morir sonaron como una súplica a Kepler: “Que no parezca que he vivido en vano”.
Celoso del trabajo de toda una vida, Tycho solo compartía con Kepler datos aislados e inconexos. Un muro de vanidades y desconfianzas se levantaba entre ambos, aunque fue un estudio de la órbita de Marte encomendado por Brahe lo que permitió a Kepler alcanzar sus dos primeras leyes universales. Kepler apostó que lo resolvería en ocho días y tardó casi ocho años.
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| Notas de los libros de Tycho Brahe. (TERCEROS) |
Mucho antes de lograrlo, apenas dieciocho meses después del encuentro entre ellos, Brahe murió tras uno de sus desmesurados banquetes. Sus últimas palabras sonaron como una súplica a Kepler: “Que no parezca que he vivido en vano”. Johannes pudo acceder a las tablas de datos de Tycho y trabajar por fin en plenitud. Tras muchos cálculos y tanteos, creyó haber encontrado la órbita del planeta rojo.
Pero, cuando realizó las comprobaciones posteriores, valiéndose de dos mediciones raras del archivo del danés, observó que la trayectoria se desviaba en ocho minutos de arco. “Aquellos ocho minutos [...] señalaron el camino hacia la renovación de toda la astronomía”, escribiría Kepler.
Por alguna extraña razón, el círculo, la más perfecta de las formas geométricas, no encajaba en la órbita de Marte. Contrariado e ilusionado a la vez, el astrónomo tuvo que despojarse de sus prejuicios para admitir que la órbita que buscaba se ajustaba a una “vulgar” figura ovalada, una elipse con el Sol en uno de sus focos. Así surgió la primera de las leyes planetarias.
Kepler invalidó el viejo axioma del movimiento circular y uniforme de los planetas y anticipó la física de Newton.
Kepler descubrió también que un planeta, al avanzar por su órbita, arrastra un área imaginaria en forma de cuña, que es más larga y estrecha cuanto más lejos está del Sol y más ancha y corta cuanto más cerca. Y, a pesar de esas formas distintas, el movimiento de los planetas barría áreas iguales en tiempos iguales. Así reza su segunda ley.
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| La armonía del mundo, de Johannes Kepler, 1619. (TERCEROS) |
Con esos dos primeros principios, enunciados en la Nueva astronomía, Kepler invalidó el viejo axioma del movimiento circular y uniforme. Y, al situar en el Sol la causa impulsora de los astros, anticipó la física de Newton, sin llegar a definirla.
Kepler completaría su aportación a la ciencia con una tercera ley, publicada en su obra de madurez, La armonía del mundo (1619): “El cuadrado de los períodos orbitales de los planetas [el tiempo que tardan en dar una vuelta alrededor del Sol] es proporcional al cubo de sus distancias medias al Sol”. El matemático buscaba una fórmula así desde su juventud, una prueba de que el cosmos estaba ordenado. Esa norma fue esencial para que Newton formulase la ley de la gravitación universal, la respuesta a la pregunta esencial de la cosmología: ¿por qué se mueven los planetas? Kepler había avanzado cómo.
Este artículo se publicó en el número 561 de la revista Historia y Vida. ¿Tienes algo que aportar? Escríbenos a redaccionhyv@historiayvida.com.?
Astrónomo Alemán (1571 – 1630).
Johannes Kepler es una figura clave en la revolución científica. Astrónomo y matemático, conocido por sus leyes sobre el movimiento de los planetas en sus órbitas alrededor del Sol. Fue colaborador de Tycho Brahe.
Kepler, nació en Würtemberg, Alemania, el año 1571. Sus padres le despertaron el interés por la astronomía.
Con cinco años, su madre lo llevó a un lugar alto para observar el cometa de 1577.
A los nueve años, su padre le hizo contemplar el eclipse de luna del 31 de enero de 1580. Siempre recordó que la Luna se veía bastante roja. Entre los nueve y los once años de edad tuvo que trabajar como jornalero en el campo.
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| Universidad de Tubinga |
Su profesor de matemáticas, el astrónomo Michael Maestlin, le enseñó el sistema heliocéntrico de Copérnico cuya explicación se reservaba para los mejores estudiantes. Los otros estudiantes tomaban como cierto el sistema geocéntrico de Ptolomeo, que afirmaba que la Tierra estaba inmóvil ocupando el centro del Universo; y que el Sol, la Luna, los planetas y las estrellas, giraban a su alrededor.
Kepler se hizo un copernicano convencido y mantuvo una relación muy estrecha con su profesor; más tarde, no vaciló en pedirle ayuda o consejo para sus trabajos.
Mientras planeaba hacerse ministro luterano, se enteró de que la escuela protestante de Graz buscaba a un profesor de matemáticas. Abandonó entonces sus estudios de teología para tomar el puesto, en 1594.
Kepler dedicó la mayor parte de su vida al intento de comprender las leyes del movimiento planetario. En un principio, consideró que el movimiento de los planetas debía cumplir las leyes pitagóricas de la armonía o la música de las esferas celestes.
Intentó demostrar que las distancias de los planetas al Sol venían dadas por 6 esferas anidadas sucesivamente unas en el interior de otras. En estas esferas estarían los 6 planetas: Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter y Saturno.
En 1596, escribió un libro en el que exponía sus ideas (“El Misterio Cósmico”).
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| Castillo de Benatky |
Tycho Brahe disponía entonces de los mejores datos de observaciones planetarias, mucho más precisos que los manejados por Copérnico, pero se negaba a compartirlos con Kepler. Solamente cuando ya estaba en su lecho de muerte, Tycho accedió a legar a Kepler los datos de las órbitas de los planetas que durante años había ido recolectando. Gracias a esos datos, los más precisos y abundantes de la época, Kepler pudo ir deduciendo las órbitas reales de los planetas conocidos.
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| Estrella de Kepler |
La estrella pudo ser observada a simple vista durante 18 meses después de su aparición.
La supernova se encuentra a tan sólo 13.000 años luz de nosotros. Ninguna supernova posterior ha sido observada en tiempos históricos dentro de nuestra propia galaxia.
Poco más tarde, en 1615, su madre ya tenía 68 años y llevaba una casa de huéspedes. Pero también ejercía como curandera y fue acusada de brujería. Persuadido de su inocencia, Kepler pasó seis años trabajando en su defensa ante los tribunales y escribiendo numerosos alegatos. Ella pasó un año encerrada en la torre de Güglingen aunque, gracias a su hijo, escapó de la tortura. Finalmente, fue liberada el 28 de septiembre de 1621. Debilitada por los duros años de proceso y de encarcelamiento, murió seis meses más tarde.
Inicialmente Kepler intentó elaborar su modelo planetario con la circunferencia, por ser la más perfecta de las trayectorias, pero los datos observados no se ajustaban correctamente a ese modelo. Afortunadamente, Tycho se había centrado en Marte, el cual tiene una elíptica muy acusada; de otra manera le hubiera sido imposible a Kepler darse cuenta de que las órbitas de los planetas eran elípticas y no circulares.
LEYES DE KEPLER
Primera ley de Kepler (ley de las órbitas, 1609)
"La órbita de cada planeta es una elipse con el Sol en uno de los dos focos."
Al hacer que la órbita sea una elipse, el Sol se localiza en un foco y el planeta gira alrededor siguiendo la trayectoria elíptica.
En la primera ley, Kepler estableció que todos los planetas en nuestro Sistema Solar se movían en órbitas elípticas, con el Sol en un foco. Una elipse es una curva plana cerrada que parece un círculo estirado.
En este tipo de figura, observamos que la distancia del planeta o del cuerpo en órbita varía con respecto al Sol. Así, conocemos como perihelio a la distancia mínima entre el Sol y un planeta y afelio es la distancia más larga que separa al Sol del planeta.
Cuando la Tierra se encuentra en perihelio, la distancia con respecto al Sol es de 147 millones de kilómetros. En afelio, la Tierra se encuentra a 152 millones de kilómetros del Sol.
En una órbita elíptica, el planeta a veces esta cerca del Sol (perihelio) y otras veces, más alejado (afelio).
Segunda ley de Kepler (ley de las áreas iguales, 1609)
"Una línea imaginaria que conecta el planeta con el Sol barre áreas iguales en intervalos de tiempo iguales."
La segunda ley de Kepler se basa en la velocidad del objeto mientras sigue su órbita. Esto quiere decir que la velocidad del planeta no es constante:
- Cuando un planeta está lejos del Sol se mueve de forma más lenta;
- Cuando un planeta está cerca del Sol se mueve de forma más rápida.
El planeta se mueve más rápido cuando pasa cerca del sol
Tercera ley de Kepler (ley de los períodos, 1618)
"El cuadrado del período de la órbita, dividido por el cubo del radio de la órbita, es igual a una constante para ese objeto en órbita."
La tercera ley de Kepler establece que el tiempo que demora un objeto en dar una vuelta, dividido por el cubo de la distancia promedio entre este y el Sol es constante:
| Planeta | T (dias) | D( m) | K |
|---|---|---|---|
| Tierra | 365 | 1,49 x 1011 | 4,03x 10-29 |
| Marte | 684 | 2,28 x 1011 | 3,95 x 10-29 |
| Júpiter | 4331 | 7,78 x 1011 | 3,98 x 10-29 |
Aplicación de la tercera ley de Kepler

¿Cómo llegó Kepler a descubrir sus leyes?
En el siglo XV se presentaron fuertes debates acerca de si los planetas giraban alrededor del Sol o de la Tierra. Tycho Brahe tuvo la idea de medir las posiciones de los planetas en el cielo de la forma más exacta posible para la época. Esto lo hizo por muchos años (1576-1597) en su observatorio en la isla de Hven, entre Dinamarca y Suecia.
Luego Brahe se mudó a Praga y contrató a Kepler como su asistente. A la muerte de Brahe, Kepler heredó la voluminosa colección de datos astronómicos, a partir de los cuales dedujo sus tres famosas leyes. También se basó en el sistema heliocéntrico de Nicolás Copérnico para apoyar sus estudios astronómicos.
Si queremos saber cuanto tarda Neptuno en dar una vuelta alrededor del Sol, necesitamos saber la distancia promedio entre Neptuno y el Sol que es 4,5 x 1012 metros. Entonces:

¿Cómo llegó Kepler a descubrir sus leyes?
En el siglo XV se presentaron fuertes debates acerca de si los planetas giraban alrededor del Sol o de la Tierra. Tycho Brahe tuvo la idea de medir las posiciones de los planetas en el cielo de la forma más exacta posible para la época. Esto lo hizo por muchos años (1576-1597) en su observatorio en la isla de Hven, entre Dinamarca y Suecia.
Luego Brahe se mudó a Praga y contrató a Kepler como su asistente. A la muerte de Brahe, Kepler heredó la voluminosa colección de datos astronómicos, a partir de los cuales dedujo sus tres famosas leyes. También se basó en el sistema heliocéntrico de Nicolás Copérnico para apoyar sus estudios astronómicos.
Incapaz de aceptar que Dios no hubiera dispuesto que los planetas describieran la figura geométrica más simple, se dedicó con tesón ilimitado a probar con toda suerte de combinaciones de círculos. Cuando se convenció de la imposibilidad de lograrlo con círculos, ensayó con óvalos.
Contrariado, al no lograr ajustar una pertinaz diferencia de ocho minutos de arco entre los datos reales y su modelo teórico, finalmente descubrió que el modelo basado en elipses encajaba perfectamente con las mediciones suyas y de Tycho.
Fue así como llegó a escribir la primera ley de Kepler: “Los planetas describen movimientos elípticos alrededor del Sol, estando éste situado en uno de los focos de la elipse”.
Después de ese importante salto mental, en donde por primera vez lo hechos se anteponían a los deseos y a los prejuicios existentes acerca de la naturaleza del mundo, Kepler se dedicó simplemente a observar los datos y a sacar conclusiones ya sin ninguna idea preconcebida.
Pasó a comprobar la velocidad del planeta a través de las órbitas llegando a la segunda ley: “Los planetas, en su recorrido por la elipse, barren áreas iguales en el mismo tiempo”.
Durante mucho tiempo, Kepler pudo confirmar estas dos leyes solamente en el resto de planetas. Aún así fue un logro espectacular; pero faltaba relacionar las trayectorias de los planetas entre sí.
Tras varios años de observaciones y trabajo, descubrió la tercera e importantísima ley del movimiento planetario: “El cuadrado de los períodos de los planetas es proporcional al cubo de su distancia media al Sol”. Esta ley, llamada también ley armónica, junto con las otras leyes ya permitía unificar, predecir y comprender todos los movimientos de los astros.
Estas tres leyes asombraron al mundo y le convirtieron en el astrónomo más célebre de su época, aunque él no dejó de sentirse incómodo por el fracaso de su primigenia intuición de simplicidad (¿por qué elipses, habiendo circunferencias?).
Si hubiera podido presenciar, tres siglos después, cuando Einstein mostró en su Teoría de la Relatividad General que en la geometría tetradimensional del espacio-tiempo los cuerpos celestes siguen líneas rectas, habría sentido satisfecho su búsqueda de la simplicidad; y es que aún había una figura más simple que la circunferencia: la recta.
Marcando un hito en la historia de la ciencia. Kepler fue el primer astrónomo que intentó explicar los fenómenos de la naturaleza a través de la observación y de las mediciones, para elaborar modelos apropiados. Consiguió describir brillantemente los movimientos de los planetas, pero no supo explicar por qué se mueven alrededor del Sol y cuál es la causa de que se mantengan en sus órbitas. Esta es una tarea que le dejó a Isaac Newton.
En 1627, publicó las Tabulae Rudolphine, a las que dedicó un enorme esfuerzo, y que durante más de un siglo se usaron en todo el mundo para calcular las posiciones de los planetas y las estrellas.
Utilizando las leyes del movimiento planetario fue capaz de predecir satisfactoriamente el tránsito de Venus del año 1631 con lo que su teoría quedó confirmada.
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| Observatorio de Pulkovo en San Petersburgo |
Kepler murió en 1630 en Baviera, a la edad de 59 años. En 1632, durante la Guerra de los Treinta Años, el ejército sueco destruyó su tumba y se perdieron sus trabajos hasta el año 1773, cuando fueron recuperados por Catalina II de Rusia. Se encuentran actualmente en el Observatorio de Pulkovo en San Petersburgo.
Francesco di Bartholommeo di Zanobi del Giocondo, nació en 1460 y falleció en 1528. Ocupó importantes cargos públicos: en 1499 fue uno de los doce buonomini (hombres buenos); en 1512, uno de los priori, confirmado en 1524.
También se le conoce por ser un modesto comerciante de seda, ropa y telas.
Su primera esposa era Camilla di Mariotto Ruccellai, en 1491. Su segunda esposa se llamó Tomasa di Mariotto Villani, casada en 1493. Monna (abreviación de Madonna) Lisa era originaria de Nápoles y pertenecía a la familia Gherardini; se casó en 1495, a la edad de 15 años, siendo así su tercera esposa.
La dote de la señorita consistía en 170 florines y la finca San Silvestro, lo cual demuestra que en realidad, se querían, pese a que ella era de una familia aristocrática y no tenían mayor riqueza.
Francesco di Bartholommeo di Zanobi del Giocondo tuvo un hijo, Bartolommeo se desconoce cuál de las tres esposas fue su madre. El 1 de junio de 1499 falleció una criatura y fue enterrada en Santa María Novella, con toda certeza era hija de Mona Lisa: “Una fanciulla di Francesco del Giocondo, riposta in Santa María Novella” (Libro dei Morti, Archivos del Estado de Florencia).
Al parecer cuando fue retratada, por Leonardo, Mona Lisa o La Gioconda, posee unos 30 años.
Francesco fallece en 1538, de plaga. No existe consenso respecto a la edad de su muerte, por tanto no hay certeza sobre su año de nacimiento, sigue siendo todo aun muy contradictorio.
MUNTZ Eugenio. Leonardo Da Vinci. El sabio, el artista, el pensador. Círculo Latino S.L., Editorial, Barcelona, 2005, páginas 380-381.
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miércoles, 19 de febrero de 2020
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Lisa Gherardini (Florencia, 15 de junio de 1479 - Florencia, 15 de julio de 1542), también conocida como Lisa del Giocondo, Lisa di Antonio María (Antonmaria) Gherardini, Lisa, y Mona Lisa, fue una noble florentina perteneciente a la familia Gherardini, originaria de la región de Toscana, en Italia. Su nombre fue adjudicado al retrato Mona Lisa (también conocido como La Gioconda) del cual fue modelo, y que había sido encargado por su esposo y pintado por Leonardo da Vinci durante el Renacimiento italiano.
Se conocen muy pocos detalles sobre la vida de Lisa; se sabe que nació en Florencia y contrajo matrimonio durante su adolescencia con un mercader de telas y seda que, años después, se convirtió en un funcionario local. Tuvo cinco hijos y mantuvo una vida de clase media acomodada y ordinaria. Lisa sobrevivió a su marido, que era considerablemente mayor que ella.
Siglos después de la muerte de Lisa, La Gioconda se convirtió en la pintura más famosa del mundo y en un icono cultural separado de la vida de la Lisa histórica, la mujer. La atención de coleccionistas y eruditos del arte hizo que esta obra pictórica se convirtiera en un cuadro reconocido internacionalmente, así como en una importante inspiración a nivel comercial. Aunque desde el siglo XVI existen testimonios que vinculan a Lisa Gherardini con la mujer retratada en la pintura de Leonardo, no ha sido sino hasta comienzos del siglo XXI cuando se ha confirmado con certeza dicha relación.
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Otra perspectiva de Lisa, un bosquejo
de la Mona Lisa atribuido a Leonardo.
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Biografía
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Infancia y juventud
Durante la época del Quattrocento, Florencia se encontraba entre las ciudades más grandes de Europa y era considerada una localidad rica y económicamente exitosa. No obstante, la vida no era «idílica» para todos los residentes, entre los cuales había una amplia disparidad de riqueza. La familia de Lisa pertenecía a la aristocracia y tenía un linaje antiguo, pero con el tiempo había perdido toda su influencia. Los Gherardini no eran ricos, aun así mantenían un nivel acomodado, y subsistían de una renta agraria.
Antonmaria (o Antonio Maria) di Noldo Gherardini, el padre de Lisa, perdió dos esposas, Lisa di Giovanni Filippo de Carducci, con quien se casó en 1465, y Caterina Rucellai, con quien se casó en 1473. Ambas murieron durante el parto. La madre de Lisa fue Mona Lucrezia del Caccia, hija de Piera Spinelli y Galeotto del Caccia, que se convirtió en la tercera esposa de Gherardini en 1476. En algún momento Gherardini logró poseer o alquilar seis granjas en la región de Chianti que producían trigo, vino, aceite de oliva, además de criar ganado.
Lisa nació en Florencia el 15 de junio de 1479 en una casa ubicada en Via Maggio, si bien se creyó por mucho tiempo que había nacido en una de las propiedades rurales de su familia llamada Villa Vignamaggio, en las afueras de Greve. Se le bautizó con los nombres Lisa y Camilla, el primero en homenaje a su abuela paterna. Era la mayor de siete hijos, tenía tres hermanas, de las cuales una se llamaba Ginevra, y tres hermanos llamados Giovangualberto, Francesco y Noldo.
La familia vivía originalmente en Florencia cerca de la iglesia de la Santa Trinidad, aunque posteriormente arrendaron un lugar próximo a la basílica del Santo Spirito, posiblemente debido a que no podían pagar las reparaciones de su antigua casa. Tiempo después se mudaron a una vivienda en lo que hoy en día se conoce como Via dei Pepi —antiguamente Via de' Buonfanti—,cerca de la basílica de Santa Cruz, donde residieron en la proximidad de Ser Piero Da Vinci, el padre de Leonardo. También poseían una casa de campo en San Donato, en la villa de Poggio, aproximadamente a 32 kilómetros al sur de la ciudad.
Noldo, abuelo paterno de Lisa, dejó como herencia al Hospital de Santa Maria Nuova la granja de Chiesimone ubicada en Reggello.Antonmaria cumplió el último deseo de su padre y entregó la propiedad de Chiesimone. Al mismo tiempo firmó un contrato de arrendamiento de una de las granjas del hospital ubicada en Panzano, cuya cercanía a sus tierras le era favorable, puesto que le permitió supervisar la cosecha de trigo, además de que su familia pudo hospedarse ahí durante los veranos en una casa llamada Ca' di Pesa.
Bartolomeo del Giocondo, convirtiéndose así en la segunda esposa de un mercader de textiles y seda modestamente exitoso. La dote de Lisa consistió en 170 florines y la granja de San Silvestro, cercana a la casa de campo de su familia, lo que da pie a conjeturar que los Gherardini no eran ricos en ese momento y que ella y su marido se amaban. La propiedad se encontraba entre Castellina in Chianti y San Donato in Poggio, cerca de dos granjas que pertenecerían años después a Miguel Ángel. La pareja no se encontraba ni entre los más pobres ni los más ricos de Florencia, sino que más bien mantenían una vida de clase media. Si bien el matrimonio de Lisa aumentó probablemente su estatus social, puesto que es factible que la familia de su esposo fuera más rica que su propia familia, se cree que él pudo haberse beneficiado del prestigio que poseía el apellido Gherardini. Ciertamente, la pareja habitó al principio en la vivienda familiar de los Giocondo, hasta que Francesco consiguió comprar la casa adyacente a la antigua residencia de su familia en Via della Stufa, el 5 de marzo de 1503. Se presume que Leonardo empezó a pintar el retrato de Lisa ese mismo año.
Lisa y Francesco tuvieron cinco hijos: Piero, Camilla, Andrea, Giocondo y Marietta, de los cuales cuatro nacieron entre los años 1496 y 1507. Lisa también crio a Bartolomeo, hijo de Francesco y su primera esposa, Camilla di Mariotto Rucellai, la cual falleció cuando su hijo tenía apenas un año de edad. La madrastra de Lisa, Caterina di Mariotto Rucellai, y la primera esposa de Francesco eran hermanas y ambas pertenecían a la destacada familia Rucellai.
Al crecer, Camilla y Marietta se convirtieron en monjas católicas; la primera adoptó el nombre de sor Beatrice e ingresó en el convento de San Domenico di Cafaggio, donde fue confiada al cuidado de la hermana de Antonmaria, sor Albiera, y también bajo la custodia de las hermanas de Lisa, sor Camilla (acusada de no guardar la castidad y absuelta después de una escandalosa visita de cuatro hombres al convento) y sor Alessandra. Beatrice falleció a los 18 años y fue enterrada en la iglesia de Santa María Novella. Conjuntamente, Lisa desarrolló un vínculo cercano con el convento de Sant'Orsola, altamente respetado en Florencia y al cual se incorporó su hija Marietta en 1521. Marietta tomó el nombre de sor Ludovica y se convirtió en un miembro respetado del convento, donde alcanzó una posición de cierta influencia.
Por otra parte, Francesco ejerció cargos gubernamentales en Florencia. Fue elegido como uno de los doce miembros del Dodici Buonomini en 1499 y consiguió una posición en la Signoria en 1512, donde fue confirmado como Priori en 1524. Posiblemente mantuvo vínculos políticos y comerciales con la familia Médici, por lo que en 1512 el gobierno de Florencia, que temía el regreso de los Médici del exilio, encarceló a Francesco con una multa de 1.000 florines. En septiembre, fue liberado, una vez que los Médici regresaron.
Fallecimiento
De acuerdo con las fuentes de la época, Francesco murió a causa de la peste en 1538.Lisa cayó enferma y fue llevada por su hija Ludovica al convento de Sant'Orsola, donde falleció cuatro años después, a la edad de 63. Según otras fuentes, Francesco vivió hasta los 80 años y murió en 1539, mientras que Lisa le sobrevivió hasta 1551 y falleció con 71 o 72 años.
El 17 de junio de 1539, Francesco devolvió en su testamento la dote a Lisa, le entregó su ropa personal y joyas y le aprovisionó con los bienes necesarios para su futuro. Asimismo confió el cuidado de Lisa a su hija Ludovica, y si ésta no lo podía cumplir, quedaba a cargo de su hijo Bartolomeo. Francesco escribió:
«Item propter amorem et dilectionem dicti testatoris erga dictam dominam Lisam eius dilectam uxorem et attento qualiter se gessit prefata domina Lisa erga dictum testatorem ingenue et tanquam mulier ingenua; quapropter intendens prefatus testator providere ut post mortem dicti Francisci prefata domina Lisa pari modo aliquo habeat et ut subveniatur ei in eo quo opus esset...»
«Dado el afecto y amor del testador hacia Mona Lisa, su querida esposa; en consideración del hecho que Lisa siempre ha actuado como una esposa fiel y con espíritu noble (mujer ingenua); deseando que ella posea todo lo que necesite...»
Testamento de Francesco di Bartolomeo del Giocondo, 29 de enero de 1537.
La Gioconda
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| El robo de La Gioconda del Museo del Louvre en 1911 y sus viajes a Asia y América del Norte durante los años 1960 y 1970 contribuyeron a que la pintura alcanzara fama y se convirtiera en icono cultural. |
Al igual que otros florentinos de su mismo estatus social, la familia Del Giocondo estaba conformada por algunos mecenas y amantes del arte. Bartolomeo, hijo de Francesco, comisionó a Antonio di Donnino Mazzieri que pintara un fresco en la tumba familiar, ubicada en la basílica de la Santísima Anunciada de Florencia. Asimismo, el artista Andrea del Sarto pintó una Madonna para otro miembro de la familia. Francesco comisionó un retrato de su esposa a Leonardo da Vinci junto a una pintura de Francisco de Asís delegada al pintor Domenico Puligo. Se cree que Francesco encargó el retrato de Lisa para celebrar el nacimiento de Andrea y la adquisición de la casa familiar.
La Gioconda o Mona Lisa cumplió con los requisitos artísticos del siglo XV y siglo XVI para representar a una mujer de virtud, debido a que Lisa es retratada como una fiel esposa a través de su postura, mientras su mano derecha reposa sobre su mano izquierda. Algunos historiadores del arte creen que sus prendas oscuras y el velo negro eran influencia de la moda española, y de este modo no representan el duelo por la muerte de su hija como creen otros expertos. El retrato es sorprendentemente grande (77 x 53 cm); su tamaño
es similar a los encargos realizados por mecenas más ricos y poderosos, y esta extravagancia ha sido interpretada como una señal de las aspiraciones sociales de Francesco y Lisa.
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| Español: La Gioconda, inglés: Mona Lisa, i taliano: La Gioconda, francés: La Joconde por Leonardo da Vinci, Museo del Louvre. |
Leonardo carecía de ingresos durante la primavera de 1503, razón por la cual aceptó realizar un retrato privado. Más tarde ese mismo año, tuvo que atrasar su trabajo en la Mona Lisa cuando recibió el pago para iniciar la obra La batalla de Anghiari, un encargo de más valor y que debía completar para febrero de 1505. Aunque no se sabe con certeza, algunos historiadores señalan que —alrededor de 1506— Leonardo dejó de trabajar en La Gioconda y partió hacia Milán. Posiblemente consideró que el retrato no estaba acabado como apunta Vasari; de hecho, en ningún momento recibió el pago por la obra y jamás se la entregó a su cliente. Leonardo viajó con sus pinturas durante el resto de su vida y es posible que completase la obra Mona Lisa muchos años después, en Francia. Se estima que culminó el retrato en 1516 sin otorgar un nombre a la obra.
El título Mona Lisa, con el que se conoce a la pintura, data del año 1550, fecha en la que Giorgio Vasari, allegado de algunos de los miembros de la familia de Francesco del Giocondo, escribió:
«Prese Lionardo a fare per Francesco del Giocondo il ritratto di mona Lisa sua moglie, e quattro anni penatovi, lo lasciò imperfetto».
«[Leonardo] hizo para Francesco del Giocondo el retrato de su mujer Mona Lisa y, a pesar de dedicarle los esfuerzos de cuatro años, lo dejó inacabado».
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| Nota de Agostino Vespucci en el margen de un libro, cortesía de la Universidad de Heidelberg. |
Los títulos del retrato en italiano (La Gioconda), en francés (La Joconde) y en español (La Gioconda), representan el nombre de casada de Lisa. A lo largo de la historia se asignó el nombre de Lisa a por lo menos cuatro pinturas diferentes y su identidad a un mínimo de diez personas distintas. A finales del siglo XX, la pintura pasó a ser considerada un icono global, llegó a ser utilizada como referencia en más de 300 obras pictóricas y en 2.000 comerciales, y apareció, en promedio, cada semana en un nuevo anuncio.
En el año 2005, Armin Schlechter descubrió en la biblioteca de la Universidad de Heidelberg una nota de Agostino Vespucci en el margen de un libro que confirmaba con certeza la creencia tradicional de que la modelo del retrato era Lisa. En esta acotación, Vespucci, quien era un amigo cercano de Leonardo da Vinci, compara a Apeles, gran pintor de la Antigüedad, con Leonardo, y hace referencia a tres obras en las que estaba trabajando en esas fechas: el retrato de Lisa del Giocondo, otro de Santa Ana y el mural de La batalla de Anghiari. Esta pequeña anotación data de octubre de 1503, aproximadamente 47 años antes de las referencias realizadas por Giorgio Vasari. Además, el libro donde se realizó el comentario sobre la Mona Lisa pertenece al autor Marco Tulio Cicerón, y particularmente esta edición fue publicada en 1477. Los franceses han custodiado La Gioconda desde su adquisición por Francisco I de Francia, en el siglo XVI. Hoy en día, aproximadamente 6 millones de personas visitan cada año la pintura en el Museo del Louvre de París, donde es parte de la colección nacional francesa.
Notas
↑ Otras fuentes indican que Francesco del Giocondo contrajo matrimonio en tres ocasiones. Primero estuvo casado con Camilla Rucellai, después con Tommasa Villani y finalmente con Lisa Gherardini.
2 El convento fue posteriormente renombrado como San Domenico del Maglio. Conway, Melissa (1999). The Diario of the printing press of San Jacopo di Ripoli 1476-1484. Florencia: Yale University Press. p. 12. ISBN 8822247159.
3 Vasari establece en la biografía de Andrea del Sarto que, «Para Lionardo del Giocondo hizo otro de la Virgen [...] que hoy está en casa de su hijo Piero». Vasari, Giorgio (2007). Luciano Bellosi y Aldo Rossi, ed. Las vidas de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores italianos desde Cimabue a nuestros tiempos. Madrid: Cátedra. p. 595. ISBN 978-84-376-1974-3.
La nota de Vespucci originalmente escrita en latín establece:
Apelles pictor. Ita Leonardus Vincius facit in omnibus suis picturis, ut enim caput Lise del Giocondo et Anne matris virginis. Videbimus, quid faciet de aula magni consilii, de qua re convenit iam cum vexillifero. 1503 octobris.
«Rätselhafte Mona Lisa». University Library Heidelberg. 30 de enero de 2008. Consultado el 2 de julio de 2015.
























